El salón de actos de O Vello Cárcere de Lugo acogió ayer la mesa redonda “Migración e dereito ao traballo digno”, organizada por la Iniciativa Diocesana Igrexa polo Traballo Decente. El encuentro reunió a representantes de asociaciones de migrantes, sindicatos y organizaciones eclesiales con el objetivo de reflexionar sobre los retos laborales y sociales que enfrentan las personas migrantes y reclamar una política migratoria más justa y humana.
Moderado por Begoña Sánchez Roura, miembro del equipo ITD de la Diócesis de Lugo, el acto contó con la participación de Ana María Bereciartua Gasperini, presidenta de la Asociación Rioplatenses de Lugo; Karina Mago, presidenta de la Asociación de Venezolanos de Lugo; Lois Nieto López, secretario comarcal de la CIG Lugo-A Mariña; Manuel Quiñóa Dacal y José Luis López Álvarez, representantes de CCOO; y José María Pérez Martínez, coordinador del ITD de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol.
Durante la jornada, los ponentes coincidieron en denunciar las dificultades que afrontan las personas migrantes para acceder a un empleo digno y regularizado, subrayando que “sin regularización no hay derechos, y sin derechos no hay trabajo digno”. Recordaron que la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para facilitar la regularización de personas migrantes cuenta ya con más de 700.000 firmas y, sin embargo, sigue paralizada desde hace años. “La ILP es una cuestión de justicia y coherencia económica”, destacaron, “ya que miles de personas contribuyen con su trabajo y pagan impuestos, pero son tratadas como ciudadanos de segunda”.
Los participantes alertaron también sobre las consecuencias de mantener a las personas dos años esperando para poder regularizar su situación, lo que “promueve el trabajo en negro y alimenta la precariedad laboral”. Se subrayó la necesidad de denunciar los casos de explotación y de reconocer que la irregularidad puede ser utilizada como una herramienta del propio sistema para disponer de mano de obra barata y vulnerable.
Asimismo, se criticó el uso de la política migratoria como instrumento de negociación partidista, algo que calificaron de “denigrante”, y se lamentó que se priorice “el discurso del miedo en lugar del de integración”. En contraposición, se defendió que “la persona migrante no es un problema, es clase trabajadora y merece respeto”.
Los ponentes recordaron que Lugo es una ciudad diversa, donde conviven más de cien nacionalidades, y llamaron a construir una sociedad más inclusiva inspirada en los cuatro verbos del Papa Francisco: acoller, protexer, promover e integrar. “Sin trabajo no hay inclusión”, concluyeron, reclamando medidas urgentes que garanticen derechos laborales y humanos para todas las personas, independientemente de su origen.